A veces se dan pasos de gigante sin que uno mismo se dé cuenta

Ayer finalmente llegó el frío a Palma. Me pilló desprevenido por la mañana de camino al trabajo. Toda la mañana estuvo lloviendo y en algún momento que tuve que salir de la oficina me calé hasta los huesos. Sin embargo, cuando salí de vuelta a casa lucía el sol. Aunque se vieran a lo lejos los nubarrones, donde yo me encontraba lucía ese maravilloso sol suave de la media tarde que me reconfortaba.
Por el camino, abrí la ventanilla del coche para poder sentir el viento fresco del otoño y me di cuenta de que unas pequeñas gotas me mojaban la cara incluso estando el cielo aparentemente despejado donde me hallaba....Pensé que era uno de esos días en los que puedes encontrar el arco iris y me dio pena que el camino hacia mi casa quedara en la dirección en la que te encuentras al sol de frente.
En un instante decidí no tomar la salida de la autopista que iba hacia casa y tomar la siguiente y de paso ver de nuevo el mar, hace ya mucho tiempo que no hablo con él y sólo lo tengo a dos pasos. No podéis imaginar la sorpresa tan grande que me llevé cuando, finalmente de camino a casa, después de saludar al mar y dándole la espalda a ese maravilloso sol, vi el arco iris naciendo de entre las nubes, a lo lejos. Ahí estaba esa maravillosa y rara creación de la luz, esperándome a mí y a todos los que quisieran detener por un instante su camino y contemplarlo. Dibujé en mi rostro una sonrisa sólo para mí, para nadie más.
Ayer finalmente busqué el arco iris...y lo encontré.
Hoy pienso...¿Cuántas veces nos quejamos de no verlo y no somos capaces de salir a buscarlo?
En Palma, a 3 de noviembre de 2004

No hay comentarios:
Publicar un comentario