sábado, 25 de agosto de 2007

¿Y si ese día fuera hoy?






Últimamente me levanto agitado de la cama entre pesadillas que son mitad realidad y mitad sueño. No puedo controlar mi mente y cuando manda el inconsciente, éste me lleva hacia lugares tormentosos reviviendo mis peores recuerdos.

Vuelvo a tener pesadillas...algunas son anhelos del alma que no puedo cumplir...otras se refieren a palabras encadenadas formando frases que me atormentan...algunas las digo yo...otras las escucho de otros labios. Ambas igual de macabras, igual de hirientes para mí.

Control...si no puedo controlar el mundo que se forma en mi mente, ¿cómo voy a controlar el mundo a mi alrededor? Aunque pensándolo bien siempre he pensado que nosotros somos nuestros peores enemigos... porque la gente tiene una capacidad limitada para hacerte daño, muchas veces depende de lo que tú les has permitido en un momento dado, de una capacidad que les has otorgado tú mismo. Pero tú...tú tienes un poder ilimitado para herirte, para hacerte daño y para abandonarte...

Supongo que la mayoría de mis sentimientos reflejados en el mundo de la ficción de mi mente se pueden resumir básicamente en una palabra: miedo. Sí, miedo. Puede parecer extraño...puede parecer raro...porque ya no tengo 4 años para pensar en el miedo.

Supongo que los fantasmas cambian...pero todos tenemos miedo. En la niñez es un monstruo que se esconde bajo la cama o en el armario...aunque dependiendo de cómo haya sido tu niñez se pueden desarrollar otros miedos que no deberías tener y que te pueden acompañar hasta la vida adulta. Más tarde, el miedo se torna más tangible, puede materializarse en forma de matón de instituto o en forma de un examen de matemáticas que te provoca ansiedad anticipada...pero los peores miedos son aquellos que no se tocan, los que están allí, en tu soledad, son propios y casi siempre dependen de ti mismo...el miedo al fracaso, el miedo a la soledad, el miedo a la pérdida...

Lo peor es que si identificas tus miedos y los analizas en profundidad... a través de ellos puedes hacerte un retrato de cómo eres, un verdadero autorretrato, ¿y verdad que es fácil saber a lo que le tiene miedo uno? Ahora bien...si lo haces...debes atenerte a las consecuencias. Puede que haya cosas que no te gusten y que están ahí.

Lo mejor es que algunos miedos pueden tener solución más o menos rápida y eficaz si se analizan las consecuencias que se derivan de ellos...sólo hace falta algo de valor para enfrentarse a ellos y valorar las consecuencias de ese enfrentamiento, puede ser que nos sorprendamos y esas consecuencias no sean tan graves como en un principio nos pueda parecer...vamos, que puede que merezca la pena enfrentar ese miedo, esa situación, ese hecho si vemos lo que realmente podemos perder al hacerlo.

Hay una escena en una de mis películas favoritas que me encanta. La película en cuestión es Lo que el viento se llevó. En la escena, Escarlata se queja entre pesadillas y Rhett la despierta. Escarlata todavía medio en el mundo de sus pesadillas le confiesa a Rhett que sueña que busca algo y que no sabe lo que es, incluso le llega a preguntar si cree que algún día podrá soñar que lo encuentra. Rhett mientras la abraza le susurra que los sueños no funcionan así, que cuando se halle tranquila y segura las pesadillas simplemente desaparecerán...y que en ese momento él se encarga de proporcionarle esa seguridad. Para mí es una de las escenas con más carga romántica de la película, una escena de amor de extremada sensibilidad de esas que no se valoran en su justa medida. Lo que me llama más la atención de la escena es que se refleja una realidad de la que no siempre somos conscientes. En esa película, antes de ver esa escena nadie diría que Escarlata le tiene miedo a nada. Es una mujer decidida, con mucho carácter, que casi siempre se sale con la suya porque se enfrenta a la vida mirándola a los ojos sin apartar la mirada ni achicarse...y con esa escena el espectador se acerca no sólo a la realidad de Escarlata sino a la realidad de las personas... no existe nadie, ni siquiera la personificación de la seguridad y la confianza, que en su fuero interno no guarde algo de miedo.

Si bien es verdad que sería bonito enfrentarse a miedos mutuos con alguien a tu lado, yo no espero que nadie me ayude a ello, ni que me aporte ningún tipo de estabilidad que haga que pueda olvidarme de mis cadenas...creo que realmente eso es algo que debe hacer uno mismo, algunas veces necesitaremos de algún empujón, pero en definitiva los grandes pasos de nuestra vida, los vive uno dentro de su soledad, y consisten en enfrentamientos internos de tus voluntades y en vivir con las decisiones que uno toma siempre con la inseguridad de si está acertando y si en un futuro más o menos lejano miraremos hacia atrás y podremos estar orgullosos de nuestra vida sin lamentar nada, contentos con nuestra trayectoria, habiendo vivido una existencia plena a nuestro entender y sin tener necesidad de querer cambiar nada del pasado.

El gran enemigo de todo, de enfrentar tus miedos, de analizar tus sentimientos, de tomar decisiones...es el tiempo. Muchas veces se nos agota, tenemos la sensación de que el tiempo se va... un bien escaso, precioso, que no se puede canjear. Pero la mayoría de las veces somos nosotros quienes dejamos que éste se vaya y la inactividad en el tiempo resulta una trampa sutil en la que casi siempre caemos. Curiosamente caemos en la idea contraria...en pensar que ya habrá tiempo más adelante. El “ya lo pensaré mañana” de Escarlata O’hara es un gran ejemplo de ello hasta que ella misma se da cuenta de que debe enfrentarse inevitablemente a sus problemas. El “día a día” y la rutina nos convierten en esclavos del tiempo, aparcando nuestras grandes decisiones y proyectos...hasta que prácticamente nos es imposible postergarlos, esperando de alguna forma, que no sea demasiado tarde.

Por eso el título de mi espacio. ¿Qué sucedería si pusiera en una lista todo eso que quiero conseguir en mi vida e intentara realmente conseguirlo mediante hechos? ¿Qué pasaría si de repente tuviera que enfrentarme a mis miedos y a los hechos inevitables a los que, más tarde o más temprano, sé que debo enfrentarme? ¿Qué pasaría si eliminara el “ya lo pensaré mañana” de mi rutina?.... ¿Y si ese día fuera hoy?

Quizás de esta forma las pesadillas, simplemente, desaparezcan.

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